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REAL MADRID-NUMANCIA

En cuartos sin gracia

Los dos goles de Lucas Vázquez tuvieron réplica con otros dos de Guillermo. Detalles de Asensio y Ceballos. El Numancia creyó hasta el final. El plan B sigue en obras.

Madrid
Lucas Vázquez.
FELIPE SEVILLANO

En jornada de reflexión para los titularísimos, ni Lucas Vázquez pudo salvar la novillada de la Copa. Fue su eliminatoria: dos penaltis provocados en Soria y dos goles en el Bernabéu en un Madrid que anda en off por los cuatro costados, a dieta de juego y de moral. Con todo, el plan B ofreció un mejor aspecto que en Soria. Fue también un partido bajo en calorías, pero Marco Asensio y Ceballos subieron el nivel.

Partidos así no cambiarán el curso de los acontecimientos ni en el Madrid ni en la Copa. Una unidad B invadida desesperadamente por la resignación fue incapaz de encontrar estímulos para premiar al público y para premiarse a sí misma. Presume que seguirá siendo la parte menos soleada de la plantilla suceda lo que suceda. Conforme se extendía la crisis, Zidane buscaba refugio en el burladero de sus titulares, una clara involución de su plan de la temporada pasada. Cada uno de los recién llegados ha visto cómo jugaba la mitad o menos de aquellos a los que vinieron a relevar. Y han acabado no sólo por ser suplentísimos sino por creérselo.

Ni la competición, ni el adversario, ni la temperatura, ni la falta de público, ni el pesimismo galopante, ni el resultado de la ida ayudaban en el empeño, pero lo cierto es que el grupo de meritorios se confirmó con un dominio aburrido de un partido carente de emoción y no acertó a llevar la acción al área de Munir.

El partido perdió el poco alma que le quedaba con el gol de Lucas Vázquez, un jugador con un gran sentido del deber, probablemente el último que se entregará. El Numancia, que salió con una presión avanzada y torera, recogió velas y se protegió ordenadamente. Venía a salvar su dignidad, no la eliminatoria.

Y el Madrid se volvió entonces parpadeante. Kovacic, que formó pareja de mediocentros con Llorente, espació demasiado sus arranques. Asensio empezó burbujeante, se tomó luego un respiro y acabó retomando la jefatura del equipo. Ceballos, vencido a la izquierda, tardó en sentirse protagonista. A Mayoral sólo se le espera a la hora de matar. Y Theo sigue perdido en su laberinto.

La falta de progreso de este Madrid de rapsodia, que cada día suena de manera diferente, fue habilitando en el partido al Numancia. Marc Mateu dejó dos buenos detalles antes de regalarle el empate a Guillermo, en contragolpe previo que había pasado por Pablo Larrea y Dani Nieto. Quedó claro que el Madrid B tampoco tiene un buen retorno. Ese fue el último mensaje que dejaron los sorianos en el contestador antes de irse al descanso.

Hubo propósito de enmienda después, sobre todo de Ceballos y Asensio, depositarios del futuro del equipo. Y el Madrid se creyó en la obligación de compensar a los 37.000 fieles de la grada. Desde la izquierda, con detalles de artesanía, fue desmontando al Numancia y Lucas Vázquez, de nuevo, quien acudió puntual al gol tras dejada de Mayoral y envío de Asensio, que se fue a la hora de partido. A este si le ve Zidane para batallas de más calado y le quita minutos de la basura. Después llegó al partido Isco con nuevas ideas y se animó el Numancia, que rozó el empate dos veces (perdonaron Nacho y Milla) y acabó lográndolo, en cabezazo imponente de Guillermo. Para entonces había llegado Casemiro. Se buscaba un cerrojo y se olvidó la gatera. Lucas acabó de nueve oficial, porque oficiosamente lo fue durante toda la eliminatoria, pero no resultó suficiente. El Madrid pasó, pero sigue sin ganar en Copa en el Bernabéu.