SELECCIÓN

Antes de la despedida en Sochi

Termina esta tarde la participación peruana en Rusia 2018 con la ilusión de que la selección de Gareca ante Australia, se lleve puntos en esta hermosa ciudad.

ANDREW COULDRIDGE

REUTERS

Termina esta tarde la participación peruana en Rusia 2018 con la ilusión de que la selección de Gareca ante Australia, se lleve puntos en esta hermosa ciudad.

Termina esta tarde la participación peruana en Rusia 2018 con la ilusión de que la selección de Gareca ante Australia, se lleve puntos y deje huella en esta hermosa ciudad deportiva, otrora sede de las Juegos Olímpicos de Invierno del 2014.

Para muchos, el resultado de este partido será determinante para ponerle un calificativo al rol de Perú en el torneo. Con la tentación siempre de un gran sector, de llamar “fracaso” a todo lo que no sea ganar.

En mi opinión, sin embargo, el partido es simplemente uno más dentro de un ciclo de la blanquirroja, que debe ser visto en perspectiva y con el objetivo de consolidar el crecimiento del último año y medio.

La alta competencia no es fácil de alcanzar. De hecho, a Perú le costó 36 años volver a la élite del fútbol mundial y lo logró de forma lenta y progresiva. Y en ese camino de crecimiento debe continuar. La selección de Gareca fue rompiendo paradigmas, quebrando mitos y viejos maleficios y parece haber llegado a su límite máximo de rendimiento. Como aquel atleta que logra su mejor marca y que luego debe bregar y bregar para lograr quebrarla nuevamente y así, irse colando entre los mejores en su prueba. La lucha de ese atleta no está enfocada en los rivales, sino en sí mismo y en superar cada día sus propios límites.
Y así tiene que verse a la selección peruana.

En la eliminatoria sudamericana, consiguió su primera victoria en Asunción, la primera en Quito, trepó del octavo lugar, al sétimo, sexto, entró a la repesca y la superó para inscribir su nombre en Rusia. Algo que a inicio del proceso con el técnico argentino era una utopía. Perú fue superando a Perú y recién entonces logró superar a otros. Luego fue trabajando y consolidando la idea colectiva. Las expectativas cifradas en el equipo, consecuentemente, fueron subiendo. Y hubo respuestas. Lo demostró ante Croacia, Islandia, Escocía, Arabia Saudí y Suecia en los amistosos y llegó para competir ante Dinamarca y Francia de igual a igual aunque con resultados adversos.

La impresión general es que irse eliminados en primera ronda debe ser calificado como una debacle, a partir de esa creciente expectativa que la afición -y la prensa- se formó en la antesala del torneo.

Error porque se sigue en un proceso evolutivo. Ese en el que Perú debe seguir superando a Perú.

Esta selección alcanzó sus límites competitivos máximos, a niveles sideralmente superiores a los que alcanzan los clubes de nuestra liga en los torneos de Copa Libertadores y Sudamericana. Llegó a un pico de rendimiento tal, que lograr seguir elevándolo requiere de más trabajo, tiempo y mejoras estructurales más que coyunturales.

Ratifico mi impresión de que esta versión de la selección de Perú demostró estar en condiciones de competir de igual a igual ante cualquiera.

Aun con esa convicción, para competir aun mejor, con aspiraciones más probables de victoria y avances en un mundial, hay mucho por resolver.

El torneo doméstico sigue siendo una lágrima, la estructura organizacional de nuestros equipos locales dista mucho de lo que significa una primera división profesional competitiva. Es imprescindible la aplicación implacable y a ultranza de las Licencias FIFA para lograr por fin un plan de formación serio, con diferentes categorías en cada club y fijar una organización que viabilice la salida de talentos hacia el fútbol de alto nivel y una competencia local exigente que genere un círculo virtuoso imprescindible que haga del balompié peruano, uno de exportación. De tal forma que las principales figuras, emigren pronto a ligas más importantes y a los mejores equipos. Y nutran a la selección con recursos más jerarquizados.

El talento está en el Perú. El trabajo para ese talento, ha tardado décadas. Ricardo Gareca y su tarea con la selección absoluta, de la mano de la unidad técnica de menores que encabeza Daniel Ahmed van marcando un rumbo correcto.

Perú, cierre como cierre su presencia en Rusia, pegó un salto cualitativo incuestionable en los últimos tiempos. La tarea es sostenerlo, incrementarlo y, si se puede con la continuidad de Gareca, mucho mejor. El desafío ahora es más duro aun. Ir superando límites es una exigencia del día a día, de retos permanentes.

Allí tiene que estar la diferencia. No se trata de que Perú haya pasado por un mundial; sino de que el mundial deje lecciones en Perú. De la dirigencia deportiva y de nuestros futbolistas depende que Perú siga venciendo a Perú.

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