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SELECCIÓN

Hora del café cargado o la exclusión en la Blanquirroja

Hora del café cargado o la exclusión en la Blanquirroja

Eddie Fleischman analiza el papel de Perú: "Recordemos que un episodio así provocó la levantada de Perú en el tramo final de la eliminatoria pasada".

Suele decirse que siempre es mejor que sucedan estas cosas en partidos amistosos y no en la competencia oficial. Es cierto, pero también sirve de consuelo cuando se presenta una actuación que linda con la vergüenza. Y eso fue lo que generó en varios pasajes del partido en Washington la selección peruana en su derrota 0-2 ante el equipo reservista de El Salvador.

No le falta razón a Ricardo Gareca cuando dice que fue uno de esos encuentros raros cuya condición bizarra se describe cuando contabilizamos una llegada del rival pero dos goles en contra.

También tiene razón Gareca, cuando dice que, sobre todo en el primer tiempo, Perú generó varias situaciones de gol y simplemente fue errático en la definición; pero es igualmente cierto que generarle situaciones de gol a un equipo tan limitado como el que se tuvo al frente no es un gran mérito para una selección que pretende ser competitiva y seguir creciendo. Es irrefutable inclusive, que el 0-2 es raro, un accidente de esos que cada tanto se da en el fútbol cuando el equipo que defiende 89 minutos, no maneja la pelota, no tiene ambiciones ofensivas y se aglutina en la zona posterior con el único objetivo de conservar el cero en el arco propio, termina ganando. Entonces, se preguntarán ustedes, dónde está el reproche a Perú.

Ya en el primer tiempo, durante la transmisión a través de Latina, en el transcurso y al cierre del primer tiempo, este servidor habló de la exasperante pasividad, desidia, displicencia, flojera, falta de intensidad, ritmo trotón y todas las maneras que haya de describir la actuación de un equipo que subestima al rival, que lo mira con desdén, por encima del hombro y que siente que va a ganar porque "el gol va a caer solo". Y eso que, aún así, reitero, Perú tuvo ocasiones claras para establecer una ventaja.

¿Cómo explicarlo si es la misma base de jugadores que, poniendo el alma en juego, clasificó de forma épica a Rusia? ¿Cómo concebirlo si tantas veces se habló del cambio positivo operado en la mente de nuestros futbolistas en el último tiempo? No es un fenómeno extraño al jugador peruano promedio, que, conseguido algún relativo éxito profesional y económico, decaigan las ambiciones y haya menos vocación de afrontar nuevos desafíos. Eso, es percepción del suscrito, le está sucediendo a algunos jugadores en la selección. Empieza a ser notorio y Gareca debe hacer algo al respecto. Ser conscientes de que el fútbol peruano no tiene demasiados jugadores que puedan considerarse de la más alta competencia está generando que más de uno se sienta insustituible, dueño de la posición que ocupa y le genere aburguesamiento. Jugadores desenfocados en sus clubes, sin rendir en ellos y en varios casos sin siquiera ser titulares, llegan a la selección y, a diferencia de lo que sucedía antes por gestión de Gareca, no están levantando su nivel y poniéndolo todo, sino simplemente llegando a cumplir con lo mínimo.

Ha llegado en buen momento esta falsa presentación y, sigamos utilizando el término, este accidente. Ha sido una bofetada para algunos que con un éxito efímero se pueden desubicar. Es tarea pendiente del comando técnico volver a poner las cosas en su lugar y si para ello, debe prescindir momentánea o permanentemente de algunos jugadores que dejaron de dar la talla en productividad y entrega, será momento de hacerlo. Recordemos que un episodio así provocó la levantada de Perú en el tramo final de la eliminatoria pasada. Si ya conocemos la historia, que se actúe en consecuencia. O con café cargado o con exclusión, pero que se actúe.