La Conmebol hace lo que puede por destruir la Libertadores

Todo empezó a romperse el año pasado, cuando la Conmebol, representada por Alejandro Domínguez, decidió llevar la final de la Copa Libertadores a Madrid. El peso simbólico de jugar la final de un torneo latinoamericano -con el nombre que lleva, además- en la capital de lo que fue el imperio que conquistó violentamente el continente era demasiado para los aficionados del fútbol de este lado del mundo. Era una burla. Una mala broma. Una tomadura de pelo.

De hecho, que la final se haya jugado luego del papelón protagonizado por River, Boca y la misma Conmebol en Núñez ya era un insulto al sentido común porque no solo justificaba la violencia, sino que, peor aún, mandaba el mensaje de que el dinero es siempre más importante que el deporte. Y que la integridad de las personas.

La mal llamada "final del mundo" por los argentinos terminó siendo la peor final del mundo. Pero, aún así, el Bernabéu lució lleno y los hinchas de River podrán burlarse eternamente de los de Boca. Al final del día, eso parece ser lo único que importa. Eso y el dinero. Por eso, Qatar fue una opción para la final. ¿Será que el hecho de que Qatar Airways sea la línea aéra de la Conmebol es una mera coincidencia?

Más allá de lo sucedido el año pasado, la Libertadores tiene cada vez menos prestigio, y eso se debe básicamente a la ineptitud de la Conmebol. En esta temporada, 8 equipos brasileños integraron el torneo y 4 de ellos han clasificado a cuartos de final. Boca, River, Cerro Porteño y Liga de Quito son los otros cuatro equipos. Sumados a los 6 cuadros brasileños que participan en la Copa Sudamericana, 14 de los 20 del Brasileirao participan en torneos continentales. De ahí que Brasil -cuyos equipos son los más ricos de Sudamérica- domine y que los equipos del resto de América tengan tan pocas chances de alcanzar la gloria.

Todos los equipos que estuvieron en las semifinales de la Libertadores 2018 han clasificado a cuartos de final de esta edición. Lo cual, en principio, no tiene nada de malo. El asunto es que Argentina y Brasil suelen tener caminos cómodos para llegar a estas instancias, en desmedro de los demás países. Con este formato, la Conmebol está matando la Libertadores para el resto del continente, que observa, con envidia y e ira justificadas, cómo los dos gigantes de Sudamérica se pasean como en sus casas.

En esta edición, Cerro Porteño y Liga de Quito han logrado la hazaña de competir con Brasil y Argentina, pero lamentablemente será muy difícil que sigan progresando. Algo tiene que cambiar en la Conmebol o, de lo contrario, la Libertadores seguirá perdiendo su prestigio. Con la salida de los Leoz y los Grondonas, se abrió una oportunidad única para renovar el fútbol latinoamericano. Esa oportunidad se perdió. Esperemos que no sea demasiado tarde.