Cazulo encontró su lugar en el mundo

Jorge Cazulo ha decidido retirarse del fútbol profesional y los hinchas de Sporting Cristal, su "lugar en el mundo", dormirán un poco más tristes esta noche. El uruguayo de corazón peruano, celeste por donde se le vea, cuelga los chimpunes después de conseguir cinco títulos nacionales en La Florida, donde construyó, durante casi una década, su familia, su historia, su leyenda.

Pero Cazulo no se considera un hombre legendario, ni mucho mejos. "Deberíamos tomar más en cuenta a gente que tenga algo más duradero para decir, nosotros los futbolistas hablamos de cosas efímeras, resultados, partidos, cosas que quizás la otra semana ya no importen", afirmó en una exquisita entrevista realizada por Agustín Lucas en la revista uruguaya Garra.

El futbolista nacido en Maldonado escucha a Silvio Rodríguez, sigue al Indio Solari -fundador de Patricio Rey y sus redonditos de ricota-, busca leer cada vez que tiene tiempo. Sus ideas son claras y las pronuncia de manera sutil -"trato de vivir más liviano", le dijo a Lucas-, pero en el campo es uruguayo como el mate: granítico, testarudo, incansable.

Su paso por el fútbol peruano definió, de cierta manera, su vida. Su identidad se alimentó de la de Sporting Cristal y la del club celeste con la suya. Los matrimonios nunca son perfectos, pero la relación entre Cazulo y Cristal sí lo fue. "Yo soy un poco idealista, y me siento muy afín con esa filosofía. Creo que encontré mi lugar en el mundo; lo valoro, lo cuido y trato de decirlo siempre que puedo, porque es bueno que la gente sepa que hay clubes en el mundo que se manejan de esa manera", ha declarado el eterno capitán celeste.

Como el héroe humano de la "Canción del Elegido", de Silvio Rodríguez, que el propio Cazulo cita, ha construído día a día un heroísmo que ha trascendido lo deportivo, en su vínculo con el corazón de La Florida, el barrio más celeste Lima. Jorge, el Piki, se quedará mucho tiempo más en el Perú: Cristal le ofrecerá un cargo en el club para que su filosofía de vida siga siendo transmitida a los más jóvenes. Al próximo Cristal, la próxima Lima, el futuro Rímac.

Hace algunos años, el extraordinario escritor mexicano Juan Villoro, hablando sobre su pasión por el fútbol, me dijo que "el fútbol establece un contacto con la tribu del comienzo, con lo que fuimos al principio. Y al mismo tiempo con nuestra propia infancia. Es un instrumento para que el tiempo retroceda colectivamente hacia la tribu e individualmente hacia el niño". Este periodista, que vio a Cazulo dar la primera vuelta desde la grada del Nacional y la última desde la distancia que nos impuso la pandemia, lo puede confirmar: el Piki, como el fútbol, hacía retroceder el tiempo, nos devolvía a la infancia. Gracias por eso, capitán.