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LIGA 1

Beto da Silva, en el limbo

Después de un inicio de carrera extremadamente prometedor y un paso accidentado por el extranhero, el delantero peruano no pudo llegar a Alianza Lima y hoy se encuentra sin equipo.

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Beto da Silva, en el limbo

El 7 de diciembre de 2015, un chico de 18 años, de apellido brasileño, aparecía, destellante, frente a la mirada de los miles de hinchas de Sporting Cristal que presenciaban la primera semifinal del torneo de ese año frente a César Vallejo. El escenario: el pequeño Alberto Gallardo, que lucía abarrotado para la ocasión. El cuadro local enfrentaba a los trujillanos en casa, en un partido cerrado que terminaría liquidando un tal Beto da Silva.

Hijo de padre brasileño y madre peruana, Luiz Humberto nació en Lima, pero partió a Brasil a los siete años. Estuvo, en total, seis años en las divisiones de los dos clubes más importantes de Porto Alegre: el Internacional y el Gremio. El talentoso atacante volvería a Perú con 15 años y terminaría su etapa formativa en el Sporting Cristal.

Su debut fue accidentado. El 19 de junio del 2013, el entrenador del Cristal, Roberto Mosquera, decidió alinearlo frente a Alianza Lima. Tras haber lucido desorientado y demasiado ligero durante su primera media hora en primera división, da Silva cayó lesionado y tuvo que salir. Tenía 16 años.

Mosquera no volvería a utilizarlo hasta un año después, consciente de que su debut había sido prematuro. Las condiciones del jugador, sin embargo, justificaban de alguna manera el apuro del técnico. En un fútbol limitado como el peruano, en el que el promedio de altura no supera el 1.75m, un jugador de 1.82m, veloz, potente, ambidiestro y muy goleador tiene con qué marcar la diferencia.

Entre los 16 y los 18, Beto marcó un par de goles ingresando desde la banca, aunque no fue de los suplentes más utilizados por el cuerpo técnico de Daniel Ahmed, entonces entrenador del Sporting Cristal.

Un despegue meteórico

Llegaría, finalmente, el 7 de diciembre de 2015. Donde, podría decirse, se estableció que Beto da Silva era una de las promesas del fútbol peruano. El tercer gol a la César Vallejo, a pocos minutos del final, fue una muestra de lo que se vendría después: potencia brutal y definición certera para cerrar el encuentro. Lo mismo sucedió en Trujillo, en el partido de vuelta, aunque con mayor gracilidad: volvió a dejar derrumbados a los defensores, volvió a volar y a definir cruzado y rasante. Como los mejores.

Beto llevaría a su equipo a la final, en la que volvería a marcar un gol importante que, sin embargo, no le alcanzó a Sporting Cristal para llevarse el título frente a Melgar. Aún así, el delantero ya se había presentado al mundo. Y el mundo, al parecer, lo seguía de cerca.

A fines del 2015, cuando Cristal empezaba a prepararse para la Copa Libertadores 2016, la directiva cervecera anunciaba la noticia más temida por los aficionados celestes: da Silva decidía no renovar su contrato y se marchaba, a cambio de nada, al PSV Eindhoven. La joya de la cantera se iba sin dejar más que un par de muy gratos y efímeros recuerdos.

Aún así, la ilusión del aficionado peruano estaba justificada: hay pocas canteras mejores que la del PSV, famosa por formar a cracks de la talla de Ronaldo y Romario, así como de Jefferson Farfán, ídolo de la selección. El equipo holandés parecía el lugar ideal para acompañar la evolución de un futbolista con todas las condiciones para llegar lejos.

Pero la impaciencia pudo más que él: a pesar de que había sido recientemente promovido al primer equipo, no tenía muchos minutos en partidos oficiales, y apareció Gremio en la escena.

"Quizás debí quedarme en el PSV, porque el club tenía un plan a largo plazo conmigo"

Beto da Silva

Lo cuenta mejor él mismo, en una entrevista concedida a Infobae en abril de este año: "Quizás me equivoqué en haberme ido tan rápido [de Holanda]. Estaba en un equipo muy grande, donde me querían mucho, y quizás me apuré. Se me pasaban muchas cosas por la cabeza, y cuando apareció Gremio, que es un club enorme y donde siempre quise jugar, me apuré. Pero quizás debí quedarme, porque el PSV tenía un plan a largo plazo conmigo y quizás ahora estaría jugando ahí".

El vertiginoso descenso hacia la incertidumbre

En retrospectiva, su regreso a Brasil fue lo peor que pudo pasarle a su carrera, aunque tampoco se le puede culpar del todo: es comprensible que un chico de 19 años considere la opción de probar su fútbol en la ciudad donde empezó su carrera y en uno de los equipos más grandes del continente. Una mezcla de mala suerte -muchísimas lesiones- y de falta de confianza del Gremio fue letal para da Silva. Sus números son elocuentes: en el año que estuvo en Porto Alegre, jugó 18 partidos (solo fue titular en uno) y marcó solo un gol.

Ante su mal rendimiento, Gremio optó por cederlo, y Argentinos Juniors parecía ser una buena opción para todos los involucrados. La presión de liga argentina podía ser una buena experiencia para un delantero que necesitaba ganar en garra y actitud. Pero todo volvió a salir mal. El equipo que dirigía Alfredo Berti contaba con delanteros consolidados como Gabriel Hauche y Raúl Bobadilla (este último, con amplia experiencia en Europa) y da Silva no tuvo los minutos necesarios. Entre sus lesiones y la falta de oportunidades, Beto sólo jugó fracciones de 5 partidos, en los que no anotó.

Gremio no renovó su contrato y partió libre al Tigres de México, que lo cedió inmediatamente al Lobos BUAP, donde anotó un solo gol en 11 partidos. Tras su regreso a Tigres, el club decidió prescindir de él, con lo que llegamos al presente.

Un retorno accidentado

La ilusión de Beto da Silva era participar en la Copa América de Brasil para volver a mostrarse y conseguir un buen contrato con el que relanzar su carrera. Tras su debut con gol en un amistoso frente a Trinidad y Tobago, Ricardo Gareca dejó claro que el delantero era de su agrado pero, como con cualquier seleccionado, lo que mandaba era la continuidad en su club. Algo que da Silva nunca consiguió. Esa ausencia de regularidad le impidió estar en Rusia y en la Copa América, y ahora se encuentra sin club.

Hasta hace 48 horas, su regreso al fútbol peruano parecía inminente, pero la operación para llegar a Alianza Lima se cayó al último minuto por un complicado asunto burocrático que compete al Lobos BUAP y al Juárez, que aparentemente es el dueño de su pase. Según Ronald Baroni, agente del jugador, a este tema de documentos se suma la lentitud de los clubes interesados -se habló también del Sporting Cristal- en lanzar una oferta formal.

Sea cual sea el verdadero motivo de su regreso fallido al fútbol peruano, la carrera de Beto da Silva, de 22 años, se encuentra en un punto de inflexión. Su edad y su talento le deberían permitir tener, por lo menos, una oportunidad más, pero debe empezar a tomar las decisiones correctas para enderezar el rumbo. Volver al Perú no sería una mala idea: quizás sea hora de agachar la cabeza, recuperar la regularidad y empezar a marcar goles para volver a salir del país y a jugar por su selección. Alguien debería recordarle a Beto que Paolo Guerrero tiene 35 años y que la camiseta 9 necesitará un nuevo dueño más pronto que tarde.

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